lunes, 7 de diciembre de 2015

EL NOMBRE DE DIOS ES MISERICORDIA


El Papa Francisco lo recordó, con palabras de San Ambrosio, en su reciente viaje  a Centro África, añadiendo: “Donde hay misericordia, allí está Dios”.
Y el insistir en esto no es ninguna escapatoria de un  mundo que nos oprime.
Es cierto que estamos perdiendo sensibilidad ante tantas guerras, persecuciones,  masacres, odios, catástrofes, epidemias…Cada vez nos interesan menos noticias sobre ancianos que mueren solos, niños explotados, mujeres maltratadas,  emigrantes  ahogados buscando una vida   mejor, refugiados que no encuentran asilo…  Y nos cuestionamos, ¿cómo puede suceder hoy todo esto?.
Pero, insistimos: en estas circunstancias  hablar de la misericordia de Dios  no es huir con ella para dejar de sufrir. Propiamente es todo lo contrario. Es meternos en un horizonte más amplio y sacando fuerzas de él, para mejorar la vida.
“La misericordia es la capacidad de sentir con el otro, con el golpeado por las circunstancias. Es tener audacia y valor para compartir con él el sufrimiento y las penas y  buscar su consuelo y su esperanza. Nos hace estremecer y vibrar ante  el dolor, la amargura y la desesperación hundida por la soledad y el abandono. Exige anteponer al otro a mis caprichos, a mis prisas, a mis exigencias y darle  paz, compañía y valor”. Ángel García en “La vida ascendente”.
Pero,  volvamos de nuevo al Papa Francisco.
Lo admiramos por sus palabras, pero mucho más por sus gestos y acciones. Y en su  visita a  África Central con su conducta misericordiosa venció a los más fanáticos.
Sobre esto, una anécdota  que nos cuenta Mons. Aguirre, obispo de  Bangassou “Y gracias sobre todo a Dios Padre que ha querido regalarnos dos días teñidos de paz porque incluso aquellos dos jóvenes que raptaron  para degollarlos, los devolvieron sanos y salvos, (¿por milagro de quién?) Al final de la tarde, después de haber tenido la muerte rozándoles las gargantas”.



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