martes, 23 de junio de 2015

LEAMOS LA CARTA DE FRANCISCO




“Laudato sí, mi Signore”, « Alabado seas, mi Señor », cantaba Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común, la naturaleza,  es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos.  Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable…”.
Expreso algunas de las ideas del Papa.
Comienza con la actitud  esperanzadora del Patriarca Bartolomé de la Iglesia Ortodoxa “Después de un tiempo de confianza irracional en el progreso y en la capacidad humana, una parte de la sociedad está entrando en una etapa de mayor conciencia”.
Luego,  Francisco  entra de lleno en la denuncia,
Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domésticos y comerciales,   clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. Y su causa es la cultura del descarte.
 Hay, además, un consenso científico  que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático.
Sin embargo, frente a todo esto, los poderosos tratan enmascarar los problemas o de ocultar sus consecuencias.
 Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales  que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre.
 Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las cumbres mundiales sobre medio ambiente.
Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos.
La gente ya no parece creer en un futuro feliz, no confía ciegamente en un mañana mejor a partir de las condiciones actuales del mundo y de las capacidades técnicas.

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