lunes, 1 de junio de 2015

LA MEJOR BUENA NOTICIA



Buena noticia es algo que, en medio de tantas calamidades, trae a la gente una esperanza nueva. Por eso despierta alegría, abre nuevos horizontes, da ánimos para vivir.
Narra José Antonio Pagola que en el año 9 A. C, los pueblos de la provincia romana de Asia tomaron la decisión de cambiar el calendario. La humanidad, en adelante, no contaría su tiempo desde la fundación de Roma, sino a partir del nacimiento de Augusto. Y tenían su razón. El había sido “buena noticia” para todos pues había traído la paz, introduciendo en el mundo un orden nuevo. Augusto para aquello romanos era el bienhechor y salvador.
Casi cuarenta años después Jesús de Nazaret recorría Galilea predicando y curando. Y para gente que le rodeaban no era extraño que vieran en él una “Buena Noticia”. Sus palabras les hacen bien, les quitan el miedo hacia Dios y les enseña su misericordia. Jesús es bueno para con todos: es compasivo, cercano, acoge a los más olvidados, abraza a los más pequeños, bendice y cura a los enfermos. Toda su actuación introduce en la vida de las personas algo bueno; Salud, perdón, verdad, fuerza interior, esperanza. ¡Es una suerte encontrarse con él!
Pagola distingue entre los que exponen doctrinas sublimes o pensamientos profundos y los que logran acercarse a las personas y entablar una relación de felicidad. “No es la mismo exponer verdades cuyo contenido es teóricamente bueno para el mundo que hacer que la gente pueda experimentar a Jesús como algo “nuevo” y “bueno” en su propia vida”.
Aquellos primeros cristianos comprendieron muy bien que la buena noticia no era Augusto sino Jesús. Marcos titula su evangelio “Buena Noticia de Jesús, el Mesías el Hijo de Dios”. Y lo concluye insistiendo con el mandato final del Resucitado “Vayan por el mundo entero y proclamen la Buena Noticia a toda la creación”.


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