jueves, 5 de marzo de 2015

COMPAÑERO PEPE VALPUESTA S.J.


No es fácil escribir sobre una persona a la que se admira mucho  rodeado de otras muchas  que  lo admiran aún más. Uno se queda como mudo gozando en lo que el todo el  Pueblo ha descubierto.
Hace 69 años, al grupo de bachilleres al que pertenecía, se nos añadió un muchacho que no conocíamos, Pepe Valpuesta, a hacer un retiro de final de la secundaria. A la vuelta del retiro, él y yo volvimos decididos a entrar en la Compañía de Jesús. Íbamos a ser compañeros en la gran aventura de vivir como jesuitas.
A partir de entonces, vivimos al mismo tiempo Pepe y yo los 17 largos años de noviciado, carreras universitarias y profesorado en colegios.
Luego nos encontramos en Paraguay, aunque  yo lejos en los 27 años de exilio. Últimamente pertenecíamos a la misma comunidad jesuita en el Bañado Sur.
Y en la vida social y política de esos últimos años, cuando hubo que protestar, denunciar, alegrarnos o  buscar fuerzas en manifestaciones y  marchas, siempre tuve la alegría de encontrar al Padre Pepe Valpuesta con su presencia y su participación hablando públicamente. Compañero, también,  de lucha por un Paraguay mejor.
¿Mi opinión sobre este compañero?
Que con su fervor en lo religioso y  lo  social  fue siempre el testimonio de una persona de Fe, que nunca puso límite a su entrega.
Y la mejor eco de todo esto  lo tuvimos quienes en este último día que su cuerpo estuvo con nosotros en el Bañado Sur , Cristo Rey y Santo Mártires (Pepe ya estaba resucitado).
Tuvimos la experiencia colectiva  de que Pa’i  Pepe con su vida hizo realidad estos años y entre todos nosotros aquellas palabras de Jesús “Yo estaré siempre presente en medio de Uds.”
Y esta es la mejor alabanza que se puede hacer de un seguidor de Jesús.
“¡Gracias Dios por haberlo  puesto entre nosotros!”.

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