jueves, 26 de febrero de 2015

MÁS SOBRE RELACIONES HUMANAS


En enero nos visitó el  Psiquiatra Dr. Agustín Barua y en radio Fe y Alegría habló de cómo debieran de actuar  las personas que trabajan en ambientes del que les separa una gran desigualdad social.
Me fijo hoy en tres aspectos.
Generalmente nos  forman para ser operativos, dinámicos, etc.… y nos endurecen. Así nos presentamos con  fuerza en nuestro puesto de trabajo, por ejemplo  en el Bañado Sur.
Si se tiene un auto, pensamos que  hemos de aparecer en él. Nos figuramos que así vamos a influir más. Y a esto añadimos esa dureza interior que significa una separación psicológica de quienes vamos a trata. Y, todavía, estamos convencidos de que el éxito así va a ser mayor.
Las personas frágiles que  vamos a encontrar no nos necesitan fuertes sino frágiles como ellas. Sólo así nos aceptarán.
Un segundo aspecto de  nuestra conducta es del sentido que nos  guía en ese trabajo. Si es el de recibir reconocimiento, eso  no sirve. Las personas que llamamos humildes por su condición de vida son las más generosas  pero quieren que  lo hagamos desinteresadamente.
El tercer aspecto, modernamente el trabajo en equipo es una condición de éxito en cualquier obra y es  imprescindible.
Precisamente por esa enorme diferencia, la adaptación tiene que ser igual en todos. Las diferencias en ella crea brechas ente los compañeros y con los que decimos servir que les hace daño. Existen instituciones que emplean más energías en reparar estos males que en aquello para lo que específicamente vinieron a aquel lugar.
En lugares  donde existe población discriminada social o culturalmente, es difícil trabajar.  Y la culpa no la tienen ellos. Se las creamos los de fuera y por eso, si nos acercamos a trabajar con ellos, en nosotros están los cambios que hay que hacer.

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