miércoles, 11 de febrero de 2015

LA DEMOCRACIA FELIZ


Es el título que se ha merecido el Reino de Bután en el Himalaya, el norte de la India. Un hecho que ha despertado la admiración mundial. Está atrayendo miles de turistas, número al que Bután le ha apuesto límites para que no dañen esa realidad de felicidad.
Hablar de todo eso me hace acordar  del  Paraguay. Por ahí anda también nuestra fórmula.
Bután entre dos gigantes en Asia: China y la India. Paraguay  entre dos gigantes  latinoamericanos: Brasil y Argentina.
El dilema que se les presenta a esos dos pequeños  países, Bután y Paraguay, es claro: resignarse a vivir sometidos a sus grandes vecinos o encontrar un modo de vivir y desarrollarse de acuerdo a su modo de ser y a su geopolítica.
Bután la ha encontrado. Paraguay hace  muchos años que va a la deriva e, inclusive, ahora sospechamos que nos están llevando a donde no queremos.
La diferencia de esta disparidad es que Bután, gracias al  buen gobierno de su Rey, conserva su soberanía y Paraguay desde hace 60 años de gobierno de un partido, con el intervalo de tres años, la ha ido perdiendo.
Por naturaleza somos un país agrícola, eminentemente campesino en el que una Reforma Agraria Integral sería la mejor y la, primera política pública a desarrollarse. Pero todo esto ya no existe. Del 80% de la tierra está en manos del 2% de la población. Y la producción campesina ha sido sustituida por el agro negocio de la soja y demás cereales transgénicos y la ganadería especializada en manos de grandes inversionistas.
Ni siquiera está en nuestras manos darle valor agregado a la  producción sojera.
Podemos, también,  ser un país de alto poder turístico. Pero, el turismo organizado está apenas naciendo.
Está en nuestras manos cambiar esta orientación, pero solamente lo lograremos oñondivepa.
El artículo de mañana jueves trata de  “Fuerza para el nuevo Paraguay”

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