martes, 2 de diciembre de 2014

NO SABEMOS DISENTIR SIN ACUDIR A LA VIOLENCIA



Hace meses  me  sentí golpeado por palabras que recibí donde es mi valle, el Bañado Sur. Hay quienes pidieron que me echaran de  él.
Eso  hace daño y no contribuye a aumentar la alegría de luchar.
Pero, me he detenido, ante esta situación. Y he reflexionado y orado muchos sobre la actitud del cristiano que quiere ser seguidor a un Jesús que, cuando lo crucificaban, exclamaba “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Cuento esto porque es casi el pan  nuestro de cada día   en una sociedad muy difícil  en la que con facilidad no soportamos el disenso y porque piensas distinto,  te considera tu enemigo y comienza a actuar como tal.
Enemigo  es una palabra muy dura. Se aplica al que ha actuado con violencia con mi hermano. Al que  mata su fama con la maledicencia. Es el delincuente político que deja sin puesto de trabajo a un inocente porque no es de su partido. Y es, como decía, el amigo de siempre que por no aceptar democráticamente que no pensamos como él, te insulta, margina y recurre a la violencia.
En algunos, inclusive,  se va haciendo normal este uso del insulto violento como única respuesta válida y eficaz.
Jesús nos habló claro sobre este tema. El verdadero enemigo al que tenemos que dirigir  nuestra agresividad es nuestro “yo” egoísta capaz de destruir al que se  nos opone porque no coincide con mi ideología o pensamiento. Esto es la conversión.
También, y es otro tema, siento miedo por quienes ven como único medio para resolver las  numerosas  injusticias que padecemos acuden al uso rápido de la violencia. Primero, porque no saben luchar de otra manera humana. Segundo, porque  la emplean con los subordinados que agreden y no con los que les dan las órdenes. Tercero, porque  crean una espiral de violencia en la que saldrán perdiendo.

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