lunes, 29 de diciembre de 2014

IGLESIA, ¿PROFÉTICA O DIPLOMÁTICA?


Con frecuencia escuchamos discusiones sobre si la Iglesia debiera de ser más lanzada con declaraciones públicas denunciando injusticias o, por el contrario,  más diplomática y más prudente.
La respuesta más exacta es que en  cada circunstancia el discernimiento ha de  decir la última palabra. Sin embargo, siempre desde la orientación  a que a acción de la Iglesia en la historia debe de ser la de Jesús.
Ignacio Ellacuría tiene ideas     muy acertadas, sobre todo esto.
“La Iglesia no es en principio una instancia que ha de ejercer su misión política por la vía diplomática sino que ha de ejercerla más bien por la vida profética  de  acompañamiento”.
 “A través de lo verdadero y de lo falso, de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, etc…Valorados unitariamente desde  los que es la fe, como don recibido y como práctica cotidiana, es como se capta la transcendencia de  lo histórico…”.
“El profetismo de la denuncia, en  el horizonte del Reino de Dios, traza los caminos que llevan a la Utopía, el “no” del profetismo, esta negación superadora del profetismo, va generando el “sí” de la Utopía”. Hasta aquí Ignacio Ellacuría.
Pero, en medio de esos párrafos tiene una frase que quiero dejar para el final porque muestra la responsabilidad de este profetismo eclesial.
“Todo lo anterior supone una conversión y un riesgo de martirizarla, esto es, de hacerla mártir”.
En resumen: la actitud pública de la Iglesia ante las injusticias del presente, debe de ser valientemente profética con tal que nazca de un conocimiento objetivo de la realidad y de un discernimiento desde una fe como don recibido y como práctica cotidiana.
Y, siempre tiene el riesgo del martirio. Por eso afirmamos que el mártir cristiano no aparece por casualidad. Se va haciendo con su profetismo.
Mañana martes el tema del artículo será “Olvidados, allanados, expulsados”.

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