miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL LIBRE MERCADO ES EL MERCADO MENOS LIBRE


El neoliberalismo está lleno de mitos que nos los quiere convencer.
Los que emplean los agrotóxicos nos dicen  que ellos van  hacer desaparecer el hambre en el mundo, que cada día la plata transgénica va a necesitar menos agrotóxicos, que no dañan a la salud y que dan trabajo y no destruyen  la naturaleza.
Y la práctica nos enseña todo lo contrario.
Ellos dan más hambre porque no dan trabajo y causan muertes o enfermedades muy difíciles de curar, los yuyos que dañan a las plantas transgénicas adquieren mayores defensas que exigen más cantidad de agrotóxicos o agrotóxicos  nuevos y el suelo con ellos se va degradando.
Y lo  mismo sucede con la venta
  de los productos de cualquier tipo.
Recuerdo una gran exposición feria del Paraguay en Asunción, tal vez expresión máxima de las exposiciones de productos  nacionales del libre comercio, en la que  solamente se podía beber un refresco originario del extranjero.
En los supermercados, otra expresión máxima del libre comercio, no todos los productos entran sino aquellos que procediendo de firmas poderosas, logran la exclusiva en su género y expulsan a los demás.
Y precisamente los que hacen estas exclusiones son los que más protestan cuando un gobierno con sentido social, ciertamente no es el nuestro, intenta intervenir para que todo lo que se produce tenga las  mismas oportunidades de ser vendido y comprado.
Eso de que el libre mercado es el mercado  menos libre es, desgraciadamente una  realidad en la práctica.
Y con todo estos mitos los que salimos, perdiendo somos  el Pueblo que queremos libertad para alimentarnos.
Antes  se colonizaba con ejércitos de potencias extranjeras. Luego, Inglaterra lo hizo  con sus bancos. En el siglo pasado los EE.UU. con su economía y política. Ahora, desde el estómago. Nos obligan a comer lo que quieren los poderosos y además que sea transgénico.

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