martes, 9 de diciembre de 2014

CAACUPÉ UN LLAMADO A LA UNIDAD



Cuando pregunto sobre  lo que más falta hace en el Paraguay, la respuesta es la misma: unidad.
Y ciertamente este es un problema de todos.
Cada partido político siempre está en peligro de dividirse y, si no lo hace, es porque está de por medio la plata.  Socialmente basta un mal entendimiento para dividir familia, comunidad, empresa o amistades. Época de crisis en la que no se profundiza mucho, sino que vivimos de los altibajos de la superficie.
Frente a esta realidad todos los años se presenta el “hecho” de Caacupé.
Allí nos citamos de todos los colores, clases sociales, economías y edades. Allí  existe un algo superior, sentido de muy diversas maneras que nos atrae a todos. Comienza con primer día de la noveno y acaba con el último día de la post novena, con la apoteosis de la  noche del 7 y la mañana del 8.
¿Por qué todo  lo referente a la Virgen de Caacupé  nos une tanto?
Ciertamente por algo que vemos en ella,  que   deseamos demasiado.
Y ¿por qué entonces y  no todos los días del año? Aunque, para ser exactos, hay que matizar que    nunca la figura de la Virgen de Caacupé desaparece.
La Virgen de Caacupé atrae tanto  porque  en la fe o en subconsciente de ella, es alguien que nos acoge en nombre de Dios y que tiene la figura de la madre, esa mujer casi sagrada en el corazón de todos los paraguayos y paraguayas.
Y con ello, unido al matiz divino de ser la madre de Jesús, crece la alegría, la esperanza, emerge lo bueno que llevamos dentro todos.
La Virgen de Caacupé atrae tanto porque en el pensamiento colectivo está que, por ser ella tan buena está cercana a los pobres y, en estos tiempos tan malos todos, en algún aspecto o en muchos, nos sentimos así.


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