viernes, 9 de mayo de 2014

SE TORTURA Y HAY MALOS TRATOS

Policía torturando a un detenido en la Comisaría 24 del Bañado Sur.



En medio de la dictadura muchos soñábamos  que cuando viniera la democracia ya no habría más torturas ni malos tratos.
Han  pasado 25 años desde que el dictador se fue y siguen las torturas y malos tratos. Siguen los llamados apremios ilegales que prohíbe  taxativamente la Declaración de los Derechos Humanos en su artículo 5°.
¿Por qué esta aberración?
Primero, por la impunidad que existe entre nosotros como práctica institucionalizada. Se tortura pero no se investiga, no se  sanciona, no se indemniza  a las víctimas, no se castiga a los autores. Y los torturadores son agentes del estado. Además se piden coimas para soltarlos luego sin llevarlos al fiscal, pero con la amenaza que no se lo digan a nadie.
Segundo, se tortura a los más empobrecidos como los campesinos, a los recluidos en penitenciarias o comisarías, a los drogadictos, a los indígenas, a los jóvenes y adolescentes. Nunca he escuchado que un senador, diputado o empresario hay sido torturado.
Tercero, abunda la tortura en las aprehensiones  y detención primaria. Allí abunda la brutalidad, los golpes, las provocaciones. Y la excusa es siempre que se resistieron.  Y todo esto ocurre porque se demora la comunicación al fiscal o al juez y se aprovechan de esos intervalos y entre todos ocultan los apremios ilegales que hay.
Cuarto, todo esto se hace corriente en cárceles y penitenciarias donde quedan como objetos amontonados y sin defensa. Un problema institucional del que no se ocupa el estado.
Al condenado solamente se le priva de su libertad de ir donde quiera y no del derecho de  vivir con dignidad. Es urgente que en el Paraguay haya un cambio en la política carcelaria más acorde a los DD.HH. Ni como ser humano ni como cristiano acepto la realidad  actual.
Lo escrito está inspirado en el artículo de ACCION, abril 2014, de la profesora en DD.HH. Soledad Villa.

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