jueves, 10 de abril de 2014

NO DISIMULEMOS EL SUFRIMIENTO



 

Se aprovechan todas las ocasiones para decirnos que la pobreza disminuye. La intención es buena. Lo que está mal es el engaño político que nos quieren.
Y, entre  paréntesis, que más quisiéramos nosotros que todo esto fuera verdad. Y, ojalá  de verdad , un día lo pudiéramos anunciar.
Existe también una forma de designar a las personas vulnerables que, sin duda, refleja una actitud respetuosa, pero que llega a convertirse en una postura  tranquilizadora, favorable a gobiernos que  no brillan precisamente por su opción preferencial por los más pobres.
A los pobres hundidos en su estado los llamamos “económicamente débiles”, no hay ancianos abandonados sino personas que han llegado a “la tercera edad”, los  discriminados por su piel negra los llamamos “personas de color”,  los sin techo  son “transeúntes”, los moribundos “personas en estado terminal”.
Repetimos es  más respetuosos  hablar así, pero cuidado en disimular y ocultar el dolor de estas personas. Hay que conocerlo porque con urgencia nos necesitan.
En el Bañado Sur, en otros Bañados y asentamientos, y en el interior existe hambre y abunda la desnutrición por una alimentación no bien compensada. La mayoría gana menos que el salario mínimo y este salario mínimo, que ya no llegaba a cubrir la canasta familiar, al anunciarse su subida hizo aumentar los precios. El gobierno no supo, no quiso o no pudo controlarlos. Y esto  fue un fallo.
En el  IPS la  atención médica y el proporcionar los medicamentos cada día  va peor. Y esto es grave porque el IPS no  es un   servicio de caridad sino  una exigencia de justicia. Está de antemano pagado por el descuento que  dan  obreros y empleadores.
En cuanto a los dos millones que no tienen IPS y son pobres, el ponerse enfermo es acercarse a la muerte, con una salud cada vez peor o simplemente  morir.
Disimular el sufrimiento del Pueblo es hacerle un mal irreparable.


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