lunes, 12 de agosto de 2013

¿CÓMO DECIR A MIS CONTEMPORANEOS QUE DIOS NOS QUIERE?



Digo a mis contemporáneos y no sólo a mis amigos, porque esta noticia es para todos.

Y me refiero a ellos   en sus diferentes estados anímicos, laborales, psicológicos. Cada uno con “sus” valores y defectos.

A cada uno quiero decirles que Dios los quiere.

He estado pensando cómo en esta diversidad puedo darles esta buena noticia.

Y, he encontrado que la única manera es  acercarme a ellos con amor, queriéndolos con obras, sin decirles más. Lo que venga después, vendrá solo.

Quererlos, significa sonreírles. Decirles con mi rostro lo que llevo en el corazón. Por supuesto, acompañado de todo aquello que es de cada  cultura. Un apretón de manos. Un abrazo. Un saludo en su propia lengua.

Pero, nada de esto sirve, si no va acompañado de obras. De  acuerdo a sus necesidades,  sus sueños.

Los psicólogos llaman a estos cumplidos empatía;  los  sociólogos participación;  los cristianos compartir.

No tenga prisa ni se apure. No esperamos respuesta.

En el fondo estamos ofreciendo, en estos rasgos de amor y de respeto y de solidaridad, el amor que sentimos que Dios nos tiene.

Y esto repítalo un día y otro y toda la vida. ¿Tan poca cosa? No se lo crea.  Es maravilloso pero, también, es lo más difícil que hay.

Pero, el día que aquella persona  nos pregunte que por qué  amamos así a todos de verdad, bueno, entonces ábrale el corazón y dígale con humildad que en ese amor nuestro hacia ella, pequeño y lleno de limitaciones, está Dios amándole.

Y, por favor, no estropee todo y  meta la pata intentando que vaya a su Iglesia. Ud. no lo amó para eso. Esto no es marketing. Es simplemente amar al hermano como Dios lo ama. Lo más grande que hay. Y punto.

Lo que venga después  es  obra de Dios y de su amigo.

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