jueves, 25 de octubre de 2012

LA LOCURA QUE PROVOCA EL PODER



Así la califica y estudia el  neurólogo  Davi Owen después de investigar el cerebro delos líderes políticos y termina diciendo “El poder  intoxica tanto  que termina afectando el juicio  de los dirigentes”.
Los antiguos griegos, como ocurre en tantas cosas, ya se adelantaron hace muchos siglos y los llamaron “El Mal de Hubris”. Descubrieron que el héroe que alcanzaba la gloria y triunfaba  se endiosaba y era capaz de cualquier cosa., por fantástica que fuera.
Resulta que una persona , normal , se mete en política . Primero se siente inseguro. Luego, enseguida el grupo que le rodea le arropa en su supuesta o real valía. Todos le saludan y aplauden. Se lo cree. Luego da otro paso:  la “ideación melomaniánica”. Se cree insustituible y que nunca va a acabar eso. Hace planes a muy largo plazo y la defienden a cualquier precio, inclusive el de convertirse en un dictador.
Todo el que se opone a él o a sus ideas es un enemigo personal. Puede llegar hasta a una “paranoia delirante”, que consiste en sospechar de cualquiera que le haga la menor crítica y así poco a poco para sentirse intocable, deja de relacionarse con la gente. Se aísla. Pero sigue cada vez creyendo que sus ideas “son geniales”. Nunca reconocerá su equivocación.

El gran problema  se da cuando pierde el poder. No se lo explica. No lo acepta,. Y cae en un cuadro depresivo del que apenas si podrá salir con mucha ayuda.
El mal de Hubris es una enfermedad que además se contagia. Estando juntos en el senado o diputados se crea un ambiente  de cenáculo selecto en el que unos a otros se defienden. Aquello de ayudarse siempre para no quedarse sin fueros porque “es chancho de nuestro corral
 Así una persona  con cuatro legislaturas es un peligro. A algunos presidentes les basta una sola para  enfermar de este mal.

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