lunes, 13 de agosto de 2012

OLIMPÍADA LONDRES 2.012


Confieso que el tema de las Olimpíadas me atrajo siempre y este año intenté  buscar  ratos sueltos para ver algunos de los deportes. Una gripe no deseada y bien fuerte me encerró en una habitación.  Circunstancia que me dio la oportunidad de conocer  algo más de estas olimpíadas.
 
Ante todo me sentí más unido a los países del mundo entero. Seres humanos como nosotros de los que conocemos algunos de sus problemas y muchas de sus aspiraciones. Era como tener la  madre tierra en la mano y recordar y reflexionar. Era gozar cuando algunos de estos países  pequeños lograban una medalla d e oro, plata o bronce ante otros que aparecen gigantes ante ellos. El David, aunque fuera en un juego, vencía al Goliat y esto sienta bien. Nos iguala y aumenta nuestra estima hacia los que pasan desapercibidos.

Por eso, para mí al menos, el punto culminante fue cuando el Comité Olímpico, en la grandiosa fiesta de clausura,  entregaba la medalla de oro del maratón, la prueba grande que dio sentido a las olimpíadas, a un corredor de Uganda , por cierto la única a que consiguió su país, y la de plata y bronce a dos de Kenya. Recibieron los honores más importantes ante el auditorio más extenso del mundo.

Como educador  valoro  los muchos sacrificios durante años que supuso el que trabajaran por tener la marca necesaria y mucho más el que ésta fuera grande como para ganar las medallas. Ayer hablaba en clase con los jóvenes del Bañado Sur y todo esto les impactó. Eran del tercero de bachillerado y el año próximo quieren entrar en la Universidad Nacional en competencia con otros compañeros de colegios privados  mucho mejor preparados. Y algunos  los consiguen, pero cuanto sacrificio significa eso arrancando desde tan abajo por el abandono de las autoridades educativas.

No queda más espacio. Le dejo otros comentarios al lector.

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