lunes, 6 de agosto de 2012

ENTRAR EN EL REINO DE DIOS ES SALIR DEL SISTEMA QUE NOS EXPLOTA

En tiempos de Jesús entrar en el Reino de Dios era  salir del estilo de vida  que imponían  el Emperador Tiberio, la familia de Herodes y los ricos de Galilea. En este sentido Jesús no buscaba sólo la conversión personal   sino quería introducir un nuevo comportamiento social, político, económico etc..  que no deshumanizara y en   el que,  poco a poco, descubriríamos a Dios. 

Y este es el sentido profundamente revolucionario del cristianismo. Enfrenta colectivamente las injusticias del sistema reinante y se compromete a  luchar contra toda deshumanización de un sistema que destruya   al ser humano.

Antiguamente se enfrentaron el  Imperio Romano y ese modo de vivir que proponía un humilde carpintero galileo. Y en cada período histórico esto se repitió una y otra vez. El resultado fue dispar. Inclusive, en algunas etapas, el cristianismo fue tocado, como una ave en el ala, y a veces le resultaba difícil  volar. Era perseguido  o  se corrompía en la cabeza o en sus miembros. Pero, siempre siguió adelante abriendo caminos de humanidad. Por supuesto que este itinerario no fue exclusivo de los creyentes de Cristo, también lo vivieron millones de  hombres  y mujeres de buena voluntad.

Modernamente tenemos un sistema capitalista neoliberal que nos  explota, esclaviza y destruye. Ahora está en crisis, pero no ha muerto
 Dios nos impulsa a salir de este sistema de muerte, para estar más cerca de  Reino. Y poco a poco nos damos cuenta de lo que no queremos ya y de donde vamos saliendo. Será mejor lo que venga, pero ignoramos  cómo será. Esta es la incertidumbre y  la seguridad de la Fe.

Y esta es la lucha entre el Bien y el mal que nos toca  tener. Y, en ella, estará siempre Dios a nuestro lado dándonos fuerzas y confiando en nuestra colaboración. Y nosotros en la suya.

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