jueves, 24 de mayo de 2012

DIOS TE NECESITA PARA CONTRUIR SU Y NUESTRO MILENIO



Escribo para nuestros hermanos en la fe, pero estoy convencido de  que los amigos no creyentes  llegarán a la misma lección final.

Es apasionante este Milenio que está comenzando. Y este apasionamiento  no nace de reflexiones de escritorio sino del vivir realidades que van apareciendo.

Terminamos  el siglo XX agobiados de preguntas. La  política, el  medio ambiente, el sistema, la globalización, el Mercado,  la crisis actual.

Ahora estas dudas tienen nombre y territorios concretos.  Y, como están vivas,  nos empujan con prisas reales hacia adelante.

Los Bancos con nombres concretos causaron la crisis y los mismos ahora la agravan exigiendo el pago de las deudas que por su  culpa ellos mismos crearon. ¿Por qué los soportamos?

Ahí está Grecia. Queriendo, pero sin atreverse, a salir  de la zona del euro.  En la que fue  la  cuna  de la política democrática, se la quiere sustituir por la tecnocracia. ¿Será esta la nueva manera de vivir la política?.

El barco del neoliberalismo hace agua. Se anuncia su hundimiento. Pero cuando se hunda, ¿qué?

  Llevamos pocos años de Milenio. Y nos llegan señales  que abortan antes de consolidarse  o, tal vez, caminos  nuevos que comienzan con fuerza, y que pueden ocurrir que no vayan a ninguna parte.  Y todo ello en medio de las protestas de los “indignados”, que ya no aguantamos más, aunque en ocasiones ni sepamos  lo que estamos buscando.

  Y todo esto nos empuja  a ser los protagonistas. Y cuado me dejo cuestionar por la  Palabra de Dios, encuentro que Dios también lo es. Y que mutuamente nos necesitamos, porque el Milenio   es el mismo para  los  dos.

Y la lección para todos  que cada vez aparece con más fuerza. A pesar de sus iniciativas  apasionantes y contradictorias, el Milenio no encierra ningún fatalismo. Será como querramos todos  mayoritariamente, porque  está enteramente  en las manos de todos.

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