miércoles, 21 de diciembre de 2011

NAVIDAD ES SOÑAR

Soñar en muchas cosas. También existen sueños eclesiales. Les transcribo uno de estos sueños que me ha llegado de un católico argentino. Lo titula “El próximo Papa”.

“No me molestaría que el próximo Papa viniera del último rincón del planeta, hablara un solo dialecto y tuviera apenas 30 años.

Que no viva en palacios, se vista como los simples mortales y transforme a las embajadas del Vaticano en centros de promoción de los Derechos de las personas y colectividades de todos los países del mundo.

Que vaya a visitar al mundo entero, pero que en todas partes use de preferencia la puerta de la gente ordinaria y no la de los reyes, y se preocupe más por la felicidad de las 99 ovejas que andan vagando en las neblinas que por la salud de la oveja gorda y viejita que dormita en el redil.

Que no se tome por Dios en la tierra, ni por el dueño de la Iglesia o del Evangelio.

Que sea libre ante los tabúes sexuales, y que esté convencido de que el Espíritu de Dios está tan presente en la mujer como en el varón.

En fin, que su vida sea tal que al morirse –probablemente a los 33 años, asesinado por algún conservador tradicionalista de su entorno- se hable poco de él y mucho de Jesús, del que habrá sido, después de todo, nada más que el humilde testigo”.

Mi comentario: ¡Qué gran sueño¡. Yo, al menos, lo he tenido muchas veces y espero que alguna vez se haga realidad.

Este sueño solamente se va a realizar si todos los católicos renacemos y damos los pasos necesarios para renovar nuestra Iglesia, desde la más humilde capilla hasta la persona del que vaya a ser nuestro papa. Y este cambio tiene que comenzar con el hombre y la mujer nuevos en cada uno de nosotros y nosotras.

Y esta es mi firme esperanza en Dios, en esta Navidad del 2.011

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