viernes, 10 de junio de 2011

EL EFECTO "MURALLA"



Es tan antiguo como la Humanidad. Lo creó el primer ser humano que se rodeó de piedras para defenderse. En el siglo XXI las hacemos de cemento. Por ejemplo la muralla israelí para dominar, defendiéndose con ella, a los palestinos. Como la muralla que aisla a los Estados Unidos de México. Atravesarla hacia el sur es permitido a los turistas con dólares. La dirección hacia el norte está cerrada a los emigrantes pobres.
Lo peor de una muralla no es la materia física con que está construida. Es la actitud psicológica que esconde. Es el miedo a los de fuera. Es el egoísmo de los que se quedan dentro.
Las emigraciones sufren este efecto “muralla” a lo grande. También los empobrecidos. De algún modo distinto, pero doloroso, muchas familias internamente. Y existen millones de seres humanos que como personas dan pena por las murallas que se pusieron a su alrededor.






Ahora más que nunca comprendo el cambio revolucionario que trajo Jesús de Nazaret al mundo cuando nos inculcó la Buena Noticia de que todos éramos hermanos.
Y hablando del Paraguay, que es lo que nos interesa primeramente, no hay excusa religiosa, política, cultural ni económica para que nos llenemos de murallas internas, que comienzan siendo psicológicas y acaban siendo de cemento. Así nunca nos uniremos y otros nos seguirán dominando.

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