jueves, 19 de mayo de 2011



Si el Bicentenario con sus festejos ha significado el despertar público de ese patriotismo que todos llevamos dentro y esta es la herencia que nos ha dejado, el desafío que se nos presenta es cómo conservarla. Misión nada fácil, aunque no imposible. Se trata de cómo lograr que esa actitud bien cargada de sentimiento dé frutos concretos a favor del Paraguay y de quienes vivimos en el.

Y aquí se nos presenta una tarea de todos, que tiene que ser bien sincronizada y purificada.

Comencemos por lo segundo. Destrozaría esta herencia si un grupo de la sociedad civil con su poder económico quisiera hacerla rentable sólo para sus intereses particulares. Lo mismo digo, y más todavía por el rechazo que provoca, el que una parte de los que aspiran a tener el poder, un partido político, quisiera tener la exclusiva. Por eso la necesidad de que haya hombres y mujeres nuevos purificados de egoísmo, aunque sea en algo tan sagrado como el amor a la Patria, donde todos sin excepción tenemos un lugar. Una mayoría participó del Bicentenario, esa misma mayoría sale responsable de la conservación de su herencia.

Concediendo lo anterior no nos queda más remedio que unirnos. Y aquí viene la única fuerza que hará un nuevo Paraguay. Un gobierno en el 2.013 de los mejores no importando los colores y condición social que tuvieran.

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