miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿MURIÓ DE RISA O SE SUICIDÓ?


El pulpo Paul simplemente se murió en su pecera. Aunque pasó a la historia animal como el pulpo que adivinó el triunfo de España en la Copa Mundial.

El P. Dr. Manfreed Wilhelm, que todas las semanas me envía su acertado comentario exegético del evangelio, añadía:

“Por favor, ¿cómo un pulpo puede ser un adivino del futuro, aunque por pura casualidad haya acertado ciertas situaciones? Gaston Bouthol tiene razón al decir, que “la tendencia del espíritu humano es creer antes de saber”. Y estoy de acuerdo con Denis Diderot: “Es tan arriesgado creerlo todo como no creer nada.” Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que se lo creen todo”.


Y, con sentido del humor, escribe: “Ahora murió ese pulpo. Tal vez murió de risa recordando, que estaciones televisivas de muchos países del mundo se hicieron presentes, cuando él sólo buscaba algo para comer en esos recipientes. Tal vez se suicidó temiendo que le van a preguntar más cosas por el estilo, que él no podría contestar, aunque tantos supuestamente “inteligentes” estaban convencidos, de que sería capaz de adivinar cualquier cosa”.

“Creo que sería oportuno centrar las creencias en lo que realmente corresponde, sobre todo en Dios. Y si un Proverbio árabe dice, que “no cualquiera que usa barba ya es un profeta”, así tampoco cada pulpo, que por casualidad acierta algunos resultados de fútbol, es también un adivino”.

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