viernes, 7 de agosto de 2009

NO BASTA ENCERRARLOS EN LA CÁRCEL


Escribo estas líneas como un acompañamiento a un gran amigo jesuita el P. Juan Antonio de la Vega. Está pasando un momento difícil en su salud y deseo que sepa que estoy a su lado.

Influido por los robos y asaltos más de una vez le dije que era necesario que la Justicia enviara a la cárcel a los que comenten estos delitos. Y Juan Antonio de la Vega siempre me corrigió con firmeza. “A la cárcel no. Es inhumana”.

El ha dedicado una buena parte de su vida a la solidaridad de trabajar con los reclusos. Y es una de las personas más comprometidas con el apostolado penitenciario. De él aprendí muchas cosas.

Resulta que las cárceles fueron, ciertamente, un paso adelante a los regímenes de galeotes y demás modos de castigar a los delincuentes. Al menos no se les daba un trabajo forzado hasta morir. Con el tiempo una mayor conciencia de los Derechos Humanos nos está mostrando la ineficacia de las cárceles para cambiar a las personas. Más todavía: suelen servir para doctorarlos en delincuencia, sin contar el trato cruel que reciben en muchas de ellas.
En este mundo moderno hemos de encontrar otra manera de redimir a los que un día fueron condenados. Asignatura pendiente que nuestra sociedad tiene que aprobar. ¿Cómo será esta manera?. La encontraremos entre todos.

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